04 diciembre 2008
30 noviembre 2008
Tiempo de mudanzas

En esta imagen podéis apreciar la nueva vivienda. Está construida a partir de carátulas de CD’s, papel de acetato y perfiles de plástico. Presenta dos rejillas de ventilación y cuenta además con cuatro placas de inmuno de seis pocillos, sello de la casa. Se accede al interior retirando dos láminas de acetato que están afianzadas a la estructura mediante los alambres que se utilizan para cerrar las bolsas de pan de molde. No me convence mucho este sistema así que se admiten sugerencias.

Nada más llegar, uno de los insectos ha mudado. Lo he sorprendido comiéndose su muda para aprovechar el contenido proteínico de esta. Es una práctica habitual que he venido observando desde que tengo estos insectos. Al parecer, la crisis también causa estragos en mi minirepública de fásmidos.
28 noviembre 2008
La cleptómana esmeraldina

Las algas, como las plantas, presentan unos orgánulos celulares que están cargados de clorofila: los cloroplastos. Para que estos lleven a cabo la fotosíntesis, se requiere la expresión de genes que se encuentran tanto en el núcleo celular como en el interior del cloroplasto. De esta manera, a partir de compuestos orgánicos y de luz solar se generan las biomoléculas necesarias para la vida. Algunos animales son capaces de fotosintetizar ya que incorporan células vegetales intactas en su organismo. Sin embargo... Un segundo... Ahí está. Tenemos ante nuestros ojos un ejemplar de Elysia chlorotica devorando su ración de Vaucheria.

Perteneciente al grupo de los opistobranquios (gasterópodos marinos), esta babosa de mar digiere a su presa hábilmente pero se muestra muy cuidadosa a la hora de preservar sus cloroplastos. A partir de ese momento, la gelatinosa ladrona podría comenzar a fotosintetizar pero ¿posee los genes necesarios en su genoma?
Al parecer, la respuesta es afirmativa. Y no es que sean similares a los de la difunta alga... Es que son iguales. Todo indica que en el curso de la evolución este opistobranquio consiguió captar e incorporar a su material hereditario aquellos genes que permiten activar y controlar la maquinaria fotosintética. De hecho, puede trasmitirlos a su descendencia. Cómo se hizo con ellos es aún un misterio. Lo que está claro es que, a estas alturas de su historia evolutiva, ya sería incapaz de completar su ciclo vital si careciera de esta estrategia. No será juzgada pero el delito está tipificado: cleptoplastia.
Información tomada de: Eurekalert y NewScientist
Imágenes tomadas de: Plant Physiology y Sea Slug Forum
08 noviembre 2008
Latidos de Gaia
28 octubre 2008
Enciende el ribointerruptor
El pasado año, Christina Smolke y Maung Nyan Win (California Institute of Technology, EE.UU.) idearon una ingeniosa manera de conseguir que se produzca esta lectura selectiva. Estos investigadores crearon un dispositivo multimodular de RNA basado en la disciplina de la lógica computacional. De esta manera, si un input (entrada de información al dispositivo) cumplía el requisito impuesto por Smolke y Win, se generaba el output deseado (respuesta del dispositivo). Y como muestra, un botón.
Este sencillo nanocomputador está constituido por un ARN mensajero en el que se habría introducido una ribozima, un transmisor y un sensor, todos ellos de carácter ribonucleico. En un ejemplo supuesto, la unión de una molécula concreta al sensor, también llamado aptámero, generaría un cambio en el apareamiento de las bases nitrogenadas del dispositivo. Este hecho, podría provocar que la ribozima catalizara la destrucción del mensajero. Así pues, la proteína en cuestión no sería traducida. Aunque presenta una forma de martillo con dos cabezas, funcionalmente se comporta como una trituradora de libros. Empleando otra construcción, el comportamiento del dispositivo podría ser distinto y se obtendría una proteína como output.
De este modo, el sistema actuaría de manera similar a los famosos operones bacterianos. Sería algo así como un artilugio molecular dotado de un ribointerruptor con el que podríamos regular el metabolismo celular.
Fermentaciones industriales, producción de fármacos, tratamiento de enfermedades… Muchas son las aplicaciones que podría tener esta gama de dispositivos. Aplicaciones todas ellas complejas que requerirían de ribocomputadores más complejos. Por ello, recientemente, los citados investigadores han dado un paso más allá, presentando lo que podríamos llamar la versión 2.0 de estas construcciones moleculares. En ella, se han empleado simultáneamente dos moléculas distintas como input, lo que ha abierto de manera notable el abanico de posibilidades del sistema.
Como hemos visto, con esta estrategia, obtenemos el output deseado en función de un input específico. Por ello, sería importante crear, en un futuro, extensas colecciones de sensores para encender nuestro ribointerruptor con las moléculas que queramos. De momento, sabemos que el invento funciona en levaduras y parece ser que, también, en mamíferos.

Información tomada de:
Win MN, Smolke CD. A modular and extensible RNA-based gene-regulatory platform for engineering cellular function. Proc Natl Acad Sci USA. 2007 Sep;104(36):14283-8
Win MN, Smolke CD. Higher-order cellular information processing with synthetic RNA devices. Science. 2008 Oct 17;322(5900):456-60
Cosmos Magazine
EurekaAlert!
Imagen tomada de: Live Science
06 octubre 2008
Patos necrófilos, arenques pedorros y dedos podridos

Desde su primera edición en 1991, estos galardones concedidos por la revista “Annals of Improbable Research” han premiado un gran número de estudios relacionados con el mundo animal en la categoría citada. El año pasado, sin ir más lejos, se premió a una holandesa por llevar a cabo un minucioso censo de los artrópodos, bacterias, algas, helechos y hongos que podemos encontrar en nuestras camas. Y hace dos años, un compatriota suyo también lo fue por probar la atracción de las hembras del mosquito Anopheles, transmisoras de la malaria, por el olor de nuestros pies.
El universo odorífero también dio una alegría a un grupo de investigadores y firmas internacionales en 2006. Estos se dedicaban al estudio de los olores generados por 131 especies de ranas estresadas.
Los que no sé si se estresaron, pero desde luego que pasaron vergüenza, fueron el grupo de arenques (Clupea harengus) que sirvieron como modelo experimental para explicar que los integrantes de esta especie se comunican mediante flatulencias.
Mención aparte merece el estudio noruego acerca de los efectos del ajo, la cerveza “ale” y la nata agria en el apetito de las sanguijuelas (Hirudo medicinalis).
Los dos siguientes premios, también otorgados en la categoría de Biología, yo los hubiera metido en Psiquiatría Animal pero como no me llamaron para el jurado… El primero de ellos, en 2003, se falló a favor de un investigador holandés por documentar el primer caso de necrofilia homosexual en un ánade real (Anas platyrhynchos). El segundo, en 1999, se otorgó a un investigador del Gettysburg College por comprobar el estado de felicidad que le confería la administración de Prozac a un grupo de almejas (Sphaerium striatinum).
No me gustaría dejarme en el tintero dos investigaciones premiadas en otras categorías. En 2006, se concedió un premio extraordinario de Ornitología a un grupo de científicos por explicar por qué el pito crestado (Dryocopus pileatus) no sufre dolores de cabeza. Lo que si debió dolerle, y mucho, fue el dedo a un paciente galés que se lo machacó. El examen y el seguimiento de su cuadro clínico por parte de dos doctores valió un premio Ig Nobel de Medicina hace diez años. Al parecer, la susodicha falange estuvo oliendo a podrido durante cinco años.

Información tomada de: Wikipedia
Imágenes tomadas de: Merck Veterinary Manual y Wikipedia
27 agosto 2008
Una, dos y tres... ¡Deshojinación!
En el video, podemos ver dos pescadores a la entrada del canal que forman los acantilados… Soy un ignorante de las artes de la pesca pero espero que los peces que picaran gozaran de buena calidad. Y es que, parece ser que, en este foco de mierda, podían verse peces. Según he leído en alguna web debe tratarse de mugílidos que, encontrándose en gran cantidad de biotopos, también gustan de estos ambientes degradados.
Me cuentan los hermanos que el olor era espantoso, nauseabundo, como aquel ascensor de nuestra infancia. Mi hermana diría: "una, dos y tres... ¡Deshojinación!" Me puedo imaginar el hedor. Mejor dicho… Lo puedo apreciar. Miren si no el fotograma que he sacado del video del comienzo. De todas formas, les recomiendo que vuelvan a visualizarlo entero para ver la secuencia completa de los dos paseantes que andaban por allí.

16 agosto 2008
El nanoadaptador galáctico

Bien podrían ser satélites, naves o cualquier otro tipo de engendros espaciales lo representado en la imagen superior. Nada más lejos de la realidad. Si les atraía más el tema sideral que lo que viene a continuación, no desesperen. Al menos, el asunto que traigo hoy presenta cierto tinte galáctico.
La susodicha imagen refleja el prólogo molecular de una enfermedad pandémica: el SIDA. En ella, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) interacciona mediante la glicoproteína 120 con el receptor de CD4, localizado en la membrana celular del linfocito T. Acto seguido y de manera irremediable, las puertas del sistema inmune se abren de par en par ante este amo y señor vírico.
Congelemos esta imagen momentáneamente y centremos nuestra atención en uno de los colectivos más importantes del ejército inmune: los anticuerpos. Pertenecientes a la superfamilia de las inmunoglobulinas, estos polipéptidos son capaces de reconocer moléculas extrañas con una altísima especificidad. Para hacer frente a infecciones bacterianas de organismos como Salmonella o Escherichia coli, contamos con un auténtico arsenal de anticuerpos anti-Gal. Estas inmunoglobulinas reconocen la galactosa constituyente de elementos glucídicos que aparecen en la superficie de los citados patógenos. La interacción de esta galactosa con los anticuerpos anti-Gal desencadena una cascada inmunológica que acaba con estas bacterias indeseables.
Vistas ya todas las piezas que nos hacían falta, armemos el rompecabezas… Un equipo de investigadores del Karolinska Institute han diseñado un ingenioso nanoadaptador digno de aparecer en las trasnochadas teletiendas. En uno de sus extremos, presenta una estructura que imita a la región del receptor de CD4 a la que se une la glicoproteína 120. En el extremo opuesto, se encuentra el carbohidrato bacteriano con el monosacárido galactosa a la cabeza. Como se ve en el esquema inferior, el adaptador bloquea al VIH y atrae la respuesta inmunitaria hacia él.

En ensayos efectuados por este grupo sueco, la aplicación del adaptador a un cultivo de células humanas con el VIH en suspensión redujo en casi un 90% la tasa de infección. Pronto comenzarán los experimentos en roedores infectados con VIH. Por el momento, la cosa promete.
Información tomada de: NewScientist
Fotografía original tomada de: Internet Ray Tracing Competition
11 agosto 2008
Comeras gloria pero...

Imagen tomada de: Marler Blog

