Caía la noche. La sopa esperaba en la mesa pero habría de
seguir esperando. La señora de la casa había descubierto un posible gorgojo de
las malvas (Lixus angustatus) hacía unos segundos. El picudo curculionido se
aferraba a una pinza de la ropa que había quedado olvidada en el tendedero horas
antes. Como en casos anteriores, una vez terminada la sesión fotográfica, el
gorgojo tuvo que abandonar el patio y, por ende, la casa. La señora dice
siempre que si ha de elegir entre sus plantas y esos bichos inmundos que las
asolan, la balanza se inclina hacia las primeras. Bueno… No lo dice pero lo deja
meridiano que, para el caso, es lo mismo.
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15 abril 2013
18 febrero 2013
Trompetas y retales de cielo
Hete aquí que estaba yo hace un rato en el patio de mi casa, presto a recoger la ropa seca de la cuerda, cuando
la lejanía traía el inconfundible trompeteo que habría de interrumpir mi
quehacer.
El escenario era incomparable.
Una luna creciente se recortaba en un pequeño retal de cielo azul salpicado de
algunas débiles nubes blancas. Más allá de los tejados, un bello gris vibraba
con el clamor de las grullas (Grus grus). Al fin aparecían, después desaparecían.
Buen viaje.
11 diciembre 2012
Los colirrojos bubillos
Y a la boda de Willy Wonka le siguió una luna de miel que espero que encuentre pronto su hueco en este rincón... Mientras tanto, desempolvo un trío de entrañables fotografías de una familia bubilla de colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros). Aquella tarde de julio…
Como iba diciendo, aquella tarde de julio, nos encontrábamos en la cocina cuando un piar llamó nuestra atención. Desde la ventana podíamos ver cómo un pollo de colirrojo tizón se había metido en la nave.Posado sobre una sencilla mesa de conglomerado, no tenía prisa ninguna en irse. Cuando me acerqué, cámara en mano, comenzó a revolotear de un lado a otro. De una estantería a una desgastada silla de oficina, de una pila de cajas a un viejo avión remodelado.
Finalmente, pudo encontrar la puerta de salida y, ya en el corral, se encaramó a unas tejas. Estuvo en ellas largo rato, mientras continuaba llamando a sus padres. La estampa quedó finiquitada cuando ambos entraron en escena. Primero lo hizo la madre. Después, un padre atestado de larvas para su pequeño. Y así terminó una historia que no tardaría mucho tiempo en tener su secuela…
Como iba diciendo, aquella tarde de julio, nos encontrábamos en la cocina cuando un piar llamó nuestra atención. Desde la ventana podíamos ver cómo un pollo de colirrojo tizón se había metido en la nave.Posado sobre una sencilla mesa de conglomerado, no tenía prisa ninguna en irse. Cuando me acerqué, cámara en mano, comenzó a revolotear de un lado a otro. De una estantería a una desgastada silla de oficina, de una pila de cajas a un viejo avión remodelado.
Finalmente, pudo encontrar la puerta de salida y, ya en el corral, se encaramó a unas tejas. Estuvo en ellas largo rato, mientras continuaba llamando a sus padres. La estampa quedó finiquitada cuando ambos entraron en escena. Primero lo hizo la madre. Después, un padre atestado de larvas para su pequeño. Y así terminó una historia que no tardaría mucho tiempo en tener su secuela…
Entradas relacionadas: El tizón nini
21 julio 2012
Una cernícala en el tejado
a Dani, Vane, Capitán Garri y Miguelón.
No sé por qué pero no enfocaba. Lo intentaba una y otra vez desde la ventana que se abría a mi antiguo hot-spot. Una pequeña rapaz utilizaba como posadero el extinto sauce que tantos buenos ratos me había brindado. Había en sus ramas un gorrión (Passer domesticus), un puñado de pinzones (Fringilla coelebs), dos lagartos ocelados (Lacerta lepida) e, incluso, uno de nuestros queridos autillos (Otus scops). Pero no, yo estaba obsesionado con mi rapaz desenfocada…
Y entonces me he despertado, me han despertado. Pero no han sido ni los gorriones ni las descargas del colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) que me enseñó a identificar Capitán Garri. Era otro pajarillo…
Tres horas después, colocaba la fruta que habíamos comprado hacía un rato cuando volvía a oír de nuevo al pajarillo… Sigilosamente, me asomaba a la ventana y veía una silueta extraña. Hora de sacar la recién estrenada cámara y el objetivo...
Y ahí estaba esperándome. Una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), en un tejado vecino. Sin embargo, no era ella quien emitía el recurrente reclamo. Ella era la atenta madre de quien lo entonaba, más allá de tejas y canalones, fuera de mi alcance.
A primera hora de la tarde, estaba de nuevo en el mismo tejado, en la misma retina, en la misma tarjeta SD.
Y entonces me he despertado, me han despertado. Pero no han sido ni los gorriones ni las descargas del colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) que me enseñó a identificar Capitán Garri. Era otro pajarillo…
Tres horas después, colocaba la fruta que habíamos comprado hacía un rato cuando volvía a oír de nuevo al pajarillo… Sigilosamente, me asomaba a la ventana y veía una silueta extraña. Hora de sacar la recién estrenada cámara y el objetivo...
Y ahí estaba esperándome. Una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), en un tejado vecino. Sin embargo, no era ella quien emitía el recurrente reclamo. Ella era la atenta madre de quien lo entonaba, más allá de tejas y canalones, fuera de mi alcance.
A primera hora de la tarde, estaba de nuevo en el mismo tejado, en la misma retina, en la misma tarjeta SD.
Equipo:
Canon EOS 60D
Canon 100-400 mm f4.5-5.6 EF L IS USM
Imagen recortada y retocada en PhotoShop
Entradas relacionadas:
Réquiem por el sauce ausente
Un cernícalo llamado Antonio
Antonio y yo
19 mayo 2012
La dama del cuerno
Ya no se la ve pero, en el mes de abril, fue asidua convidada del corral. Como si fuera el relevo de la mismísima Cenicienta, la impresionante araña de la foto podía verse desde medianoche. Discreta como ella sola, se cuidaba mucho de ser fotografiada. Varias fueron las veces en las que la dama noctámbula se dio a la fuga, quedando sin inspiración el objetivo. Una noche accedió a posar un instante. Fue el preludio de una de sus últimas huidas.
06 mayo 2012
Los visitantes non gratos
De nuevo, unos gritos me sobresaltaron hace unos días; unos gritos que recordaban a los vividos cuando el señor del sándalo (Santalum album) se quiso apoderar del corral. Fue aparecer la versión primaveral del recordado ortóptero y la escena volvió a repetirse. Una amenazante mirada tras los cristales de la ventana de la cocina dejaba claro cuál tenía que ser el desenlace.
Una cámara fotográfica y un tarro de cristal fueron mis únicas armas para inmortalizar al insecto y transportarlo lejos del hogar. Y así fue, como en aquel septiembre. Porque podrá haber hormigas y avispas, lombrices y caracoles, arañas y opiliones, moscas y tijeretas. Pero nunca, jamás, de ningún modo, langostas o saltamontes. No es que la señora de la casa les tenga miedo. Son, simplemente, los visitantes non gratos.
Una cámara fotográfica y un tarro de cristal fueron mis únicas armas para inmortalizar al insecto y transportarlo lejos del hogar. Y así fue, como en aquel septiembre. Porque podrá haber hormigas y avispas, lombrices y caracoles, arañas y opiliones, moscas y tijeretas. Pero nunca, jamás, de ningún modo, langostas o saltamontes. No es que la señora de la casa les tenga miedo. Son, simplemente, los visitantes non gratos.
Entrada relacionada: El señor del sándalo
03 septiembre 2011
El señor del sándalo
Se camuflaba bien aún a pesar de su tamaño. Por eso, nos sorprendió descubrirlo de repente allí donde ya llevábamos unos segundos mirando. Grande, robusto, haciendo de la mata de sándalo (Santalum album) recién podada su nueva posesión. Había quien no estaba dispuesta a permitir que fuera así. De ninguna manera. O la señora de la casa o el señor del sándalo. No había suficiente patio para los dos. Cual Pilatos, la señora se lavó las manos y se sirvió de un emisario para proceder al desahucio del ortóptero.
En el primer intento, infructuoso, el saltamontes brincó hacia algún rincón inexistente o, al menos, inapreciable para el ojo del emisario. Cuando después volvió a dibujarse en la retina de este, saltó nuevamente a una vieja escalera de madera cercana. Fue ahí donde el comentado emisario, un servidor, aprovechó por inmortalizar al esquivo invasor.
Minutos después, ya resuelto el litigio, el insecto se hallaba sano y salvo lejos del sándalo que lo ocultaba, más allá de la casa morada por la señora; por la señora y por un sinfín de bichos más.
11 julio 2011
El saltícido del corral
He aquí uno de los pequeños invertebrados del patio de mi casa. Desconozco la especie a la que pertenece este arácnido pero se trata, al parecer, de un saltícido. Como el resto de miembros de su familia, goza de una magnífica visión, captura a sus presas abalanzándose sobre ellas y no confecciona telarañas. Y, como se puede ver en la foto, es un experto en el arte de la intimidación.
24 junio 2011
Madrugada de caza
Saltamontes, hormigas, avispas, moscas, mosquitos, caracoles, arañas, opiliones, lombrices y un largo etcétera de pequeños bichejos son los habitantes de mi nuevo hot-spot, del patio de mi casa. Demasiado personal para ser atendido, o devorado, como prefieran, por la pequeña salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus) que se pasea ocasionalmente por tan concurrido recinto. A las dos de la madrugada de hace algunos días, se encontraba el gecónido en el ejercicio de su trabajo cuando un alma insomne lo retrató de esta guisa. Madrugada de caza. Cace mucho o cace poco, no se preocupen; no provocará un colapso en la red trófica del corral, se lo aseguro. Las varias docenas de picaduras de mosquito que adornan mi cuerpo constatan el férreo equilibrio de tal ecosistema. Podremos dormir tranquilos, la biodiversidad está a salvo. En efecto, he dicho docenas.
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